La historia de la persona que nunca se cubrió con un seguro de vida

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Los adultos también merecen que les cuenten cuentos. Así que:

Había una vez un hombre, que nunca se cubrió con un seguro de vida. Él escuchaba que todos sus amigos tenían un llamado "seguro de vida", pero nunca entendió para qué servía ni le interesaba.

Como todo humano, fue haciéndose mayor a medida que pasaban las décadas. De igual manera, y como a todo humano, las décadas se fueron llevando a sus amigos.

A veces, los visitaba en el cementerio con bonitas flores que, para él, representaban lo respetables y amados que fueron y seguían siendo sus queridos amigos ancianos. Las solía dejar en una muy firme cavidad personalizada que diseñaron sus familias en cada una de sus tumbas.

Este hombre, parado allí, justo al lado de sus tumbas de mármol y granito trabajadas con cariño hasta el más mínimo detalle, recordaba esas viejas charlas sobre qué pasaría en el futuro de cada uno de sus amigos del grupo.

Cuando se vio sin dinero, y en memoria de sus preciados amigos, decidió llamar a una agencia de seguros para cubrirse con un seguro de vida, pero su enfermedad había avanzado demasiado. Hasta que finalmente, un día antes de concretar su póliza, la enfermedad lo venció.

Los gastos de los medicamentos y tratamientos lo habían dejado sin muchos ahorros. Por lo que, ni sus familiares ni el resto de sus amigos pudieron visitarlo en ningún cementerio ni dejarle bonitas flores en la respectiva cavidad.

Este hombre, solo quedará en sus recuerdos, hasta que esos recuerdos desaparezcan con las décadas.

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